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El Día Internacional de la Mujer no es solo asunto de rosas

Solo la lucha transformadora de hombres y mujeres permitirá alcanzar la gran reivindicación social y humana, y derrotar todas las formas de discriminación.

Por Roberto Sánchez
(Fragmento)

 

La sociedad capitalista se caracteriza porque todo lo que tiene algún valor real o intangible intenta convertirlo en mercancía. Eso ocurre con el Día Internacional de la Mujer.

Por eso no puede sorprender si alguna mujer espera flores o felicitaciones por ese día, cuando en realidad con él se consagra un reconocimiento a la lucha de la mujer por conquistas más trascendentes que un ramo de rosas.

Lo que no quiere decir que esté mal regalar un ramo de rosas, ya que todas las mujeres se lo merecen. Y se lo merecen todos los días.

 

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como originalmente se denominó, quedó establecido formalmente en el año 1975, durante la celebración del Año Internacional de la Mujer, y quedó instituido para el 8 de marzo de cada año por decisión de la Organización de las Naciones Unidas.

Pero esa decisión fue el reconocimiento y culminación de toda una historia de décadas, donde las organizaciones de mujeres de todos los países, venía imponiendo cada año la conmemoración de las luchas por las libertades y la igualdad de las mujeres y cada 8 de marzo hacían nuevos compromisos de lucha por el alcance de las transformaciones mas revolucionarias del mundo y de cada país.

 

El Día Internacional de la Mujer es un día de conmemoración revolucionaria.

Se aceptan como referentes para escoger el día 8 de marzo como día internacional de la Mujer dos hechos ocurridos en fábricas textiles de Nueva York.

Uno en 1857 que consistió en manifestaciones de mujeres trabajadoras textiles de esa ciudad.

El otro, más trágico, ocurrido según se acepta el 8 de marzo de 1908, cuando 146 mujeres de la fábrica textil Cotton de Nueva York murieron quemadas por el incendio provocado por las bombas lanzadas por la policía, cuando intentaron desalojarlas por la fuerza del local de la fábrica que habían ocupado días antes demandando mejoras salariales, jornadas de 8 horas y mejores condiciones de trabajo.

 

En realidad, la decisión de declarar un Día Internacional de la Mujer Trabajadora fue acordada en La Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, realizada en Copenhague, Dinamarca, celebrada en marzo del año 1910. La propuesta de fijar un día para conmemorar e impulsar la lucha de las mujeres fue presentada por la dirigente comunista alemana Clara Zetkin. Esta propuesta fue aprobada de manera unánime por más de cien mujeres de unos 17 países, presentes en la Conferencia.

Un año después de esa Conferencia, el 19 de marzo de 1911, más de un millón de mujeres celebraron mítines en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, en ocasión del Primer Día Internacional de la Mujer, en los que demandaban para las mujeres el derecho de voto y el de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

A partir de entonces, cada marzo se celebraban manifestaciones para honrar las luchas de las mujeres y promover la demandas mas sentidas de este sector y las demandas de toda la sociedad.

 

Pero la participación de la mujer en las luchas revolucionarias y por demandas propias había comenzado muchos siglos antes, desde que en la antigua Grecia, Lisistrata promueve una huelga de sexo, hasta obligar a los hombres de Atenas, Esparta y otras ciudades griegas a firmar la paz, según narra Aristófanes en su famoso drama teatral. En la revolución francesa la mujeres de París marchan a Versalles para exigir el derecho al sufragio, libertad, igualdad y fraternidad.

 

En la actualidad, muchas de las conquistas fueron legalmente alcanzadas, pero diferentes formas de discriminación reducen las oportunidades de las mujeres para ejercer esos derechos. Además, nuevas demandas se incorporan cada año.

 

Pero la más trascendental de las reivindicaciones, la de la transformación social y revolucionaria de la sociedad, la que permitiría dedicar las riquezas al bienestar de la humanidad, eliminar el hambre y la pobreza, desaparecer todas las formas de discriminación, principalmente la discriminación social, que es la síntesis de todas las discriminaciones, esa es todavía una demanda pendiente.

 

Solo la lucha transformadora de hombres y mujeres permitirá alcanzar la gran reivindicación social y humana, y derrotar todas las formas de discriminación.

 

 

*El autor es docente universitario.

Fuente: Cuenta del autor en facaboock. 

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