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El marxismo y las mujeres

"El marxismo nos brinda las herramientas para entender las relaciones de poder que nos oprimen a las mujeres".  Cecilia Jaramillo, destacada dirigente politica, educadora y feminista ecuatoriana.

 

"Ahora más que nunca es indispensable la intervención de las mujeres en los hechos, en la vida misma, en las luchas, para conquistar nuestros derechos y para construir el socialismo".

 

Del 25 al 27 de julio pasado se ha reunido en Quito, Ecuador, el seminario internacional "Problemas de la Reolcuión en América Latina". Asistieron delegaciones de organizaciones politicas y movimientos sociales de distintas partes del mundo. 

Mujer Plural, comparte la ponencia completa sobre el marxismo y las mujeres, presentada por Cecilia Jaramillo, dirigente politica, educadora y feminista ecuatoriana.

 

Hoy, las mujeres tenemos un gran reto. Derrocar este injusto sistema y trabajar hombro a hombro con nuestros hermanos de clase para transformar el mundo. Debemos intensificar nuestro trabajo ideológico, político y organizativo para liderar a ese movimiento de mujeres que insurge masivamente en el mundo entero luchando contra la violencia a las mujeres, contra los femicidios y por los derechos de las mujeres, para transformarlo en un afluente de la corriente revolucionaria de los trabajadores y los pueblos por el socialismo y el comunismo.

 

En ocasiones como ésta, hablar de la vigencia del Marxismo, constituye una oportunidad extraordinaria para las clases trabajadoras, para las y los explotados por el capitalismo y de manera particular para nosotras, las mujeres; para exponer los logros conquistados en la aplicación de la teoría y práctica revolucionaria del marxismo leninismo, puesto que en el escenario de la globalización del capitalismo, las potencias imperialistas y las clases dominantes, pregonan a los cuatro vientos que el marxismo es una teoría caduca; que sus postulados no son factibles de aplicar en la época actual y que el socialismo y el comunismo son utopías irrealizables porque el mundo avanza en la dirección trazada por las grandes potencias; así como las perspectivas de la igualdad de las mujeres si son posibles de realizar en el marco del capitalismo.

En este escenario, también asistimos a la descomposición del capitalismo en todos los ámbitos de la vida humana como consecuencia de la concentración de la riqueza en pocas manos, de la implementación de formas de explotación de la fuerza de trabajo que generan el empobrecimiento creciente de la inmensa mayoría de seres humanos, la extensión de las guerras, la depredación social y moral, la afectación a la naturaleza y equilibrio ambiental.

Por esta razón, es imprescindible recuperar la validez científica del marxismo leninismo y sus aportes para la explicación de las causas por las cuales, las mujeres que constituimos la mitad de la humanidad, nos convertimos en el sector con una doble carga de explotación y opresión, además de soportar el peso de las peores formas de explotación que ha vivido la sociedad, a pesar de que sobre nuestros hombros descansa aún la responsabilidad de la reproducción de la especie y la reproducción de la fuerza de trabajo de las clases trabajadoras.

Es una ocasión también para recuperar el largo camino de luchas y acciones desarrolladas por las mujeres desde tiempos inmemoriales para validar nuestra presencia y participación en igualdad de condiciones que los hombres, con capacidades y potencialidades para asumir la tarea de revolucionar la sociedad, la familia y la vida humana.

Para Carlos Marx y Federico Engels, creadores del socialismo científico, la problemática de la condición de subordinación de las mujeres constituyó uno de los temas fundamentales de su análisis e investigación. Se plantearon como un requisito fundamental para el desarrollo de una concepción filosófica, social y económica que sustente la interpretación objetiva de la realidad social y refrende la validez de las leyes del desarrollo social descubiertas a la luz de las concepciones del materialismo histórico y dialéctico en un proceso de vinculación de teoría y práctica revolucionarias.

A través del estudio de la realidad de las clases trabajadoras y explotadas por el capitalismo, Marx y Engels expresaron la importancia de liberar a las mujeres de las inhumanas condiciones de explotación a las que eran sometidas. Marx en sus escritos expresaba: “Las mujeres y los niños son las víctimas señaladas del capitalismo. Los patronos de los telares e hilares prefieren las mujeres a los hombres, puesto que, dicen, “ellas hacen mejor trabajo y menos pagado”. En Lyón, en 1831, las obreras de la seda trabajaban en verano desde las tres de la mañana hasta la noche, en invierno desde las cinco de la mañana hasta las once de la noche, es decir, diecisiete horas por día en los talleres húmedos y oscuros.

“La mitad de estas jóvenes están tísicas antes del fin del aprendizaje. Cuando se quejan se les acusa de fingir” “Los niños que trabajan desde los seis años, durante dieciséis o diecisiete horas al día sin cambiar de sitio, aguantan un verdadero martirio” (Marx, Marx-Engels Gesaumtausgabe, t. III 21 Marx, Carlos).

Federico Engels, en su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” hace referencia a la condición de explotación de las obreras y de los niños trabajadores en las manufacturas de seda, algodón y lana y expresa:

“(…) los niños muy jóvenes son situados en la rueca destinada a hacer canillas; allí, constantemente agachados, sin movimiento, sin poder respirar aire puro y libre, contraen irritaciones que se convierten acto seguido en enfermedades escrofularias; sus débiles miembros se contraen y su espina dorsal se desvía; se debilitan y, desde sus primeros años, son lo que deberán de ser habitualmente siempre: débiles y siervos. Otros niños se ocupan de cambiar las ruedas que ponen en funcionamiento cabestros mecánicos para devanar; la nutrición de los brazos crece a expensas de la de las piernas, y estos pequeños desgraciados tienen habitualmente los miembros inferiores deformados”.

 

El joven Marx, con 24 años, expone por primera vez en la Gaceta Renana, en 1842, sus ideas sobre la mujer y el matrimonio, cuestión que no concluyó en una visión más profunda de cómo debería plantearse el matrimonio en el comunismo, pero, que desde esa época se pronunció por el divorcio, la libertad de elección de las mujeres y el cuestionamiento a la familia como una institución impuesta por las clases dominantes para fortalecer los mecanismos de explotación y sojuzgamiento de las mujeres. En dos artículos de la Gaceta Renana en los que trata sobre el tema de la familia, Marx se pronuncia, en uno, por la monogamia, y en el otro, por la libertad de divorcio. El primer artículo de Marx, datado del 9 de agosto de 1842, está consagrado a un manifiesto publicado por la escuela histórica del Derecho.

El segundo artículo del 15 de noviembre de 1842 critica el proyecto de ley prusiana sobre el divorcio. Marx rechaza el punto de vista de Hegel, que proclamaba la indisolubilidad del matrimonio y expresa que el matrimonio no es un concepto, sino un hecho social que cambia históricamente.

Asentado en París en noviembre de 1843, algunos meses más tarde de la prohibición de la Gaceta Renana, Marx prepara dos estudios para los Anales Franco-Alemanes, cuyo único número apareció en marzo de 1844. Después redacta sus Manuscritos económicos y filosóficos: en los cuales se hace una explicación sobre las características del comunismo y cómo en este nuevo régimen social se desarrollarían las relaciones del hombre y la mujer, que deberán ser de plena igualdad y libertad.

Marx trata dialécticamente la doble relación entre la propiedad privada y el comunismo, por un lado, y, entre el hombre y la mujer, por otro lo cual lo lleva a delimitar el comunismo científico. Combate los ataques de los que se oponen al comunismo, pues estos pregonan que el comunismo significará terminar con los valores morales de la familia y el matrimonio, y señala expresamente que el comunismo es la verdadera emancipación de la especie humana, que significará la negación de la propiedad privada, de la propiedad sobre la vida y voluntad de las mujeres al alcanzar el esplendor en su desarrollo y trabajo cooperativo, pues según Marx, “las relaciones del hombre y la mujer, señalan el grado de desarrollo social”.

En  “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, editado en 1884, Federico Engels analiza a profundidad las causas de la explotación de las mujeres obreras y trabajadoras que sufren una mayor explotación que sus compañeros trabajadores por la carga histórica de opresión genérica, y se remonta a ubicar las causas profundas de la miseria, del vicio, de la prostitución. En este texto profundiza sobre las causas de la opresión de las mujeres pero también la condición de explotación de la niñez por parte del capitalismo.

De igual manera Carlos Marx, cuando estudia las condiciones de vida de los obreros en Europa, señala que de todos los explotados por los capitalistas, los más explotados son las mujeres y niños, y por ello proclama en el Manifiesto Comunista que el materialismo no solo debe servir para interpretar la realidad social de manera científica; ahora se trata decía Marx, de hacer uso de estos principios para transformar el mundo.

En el nuevo milenio, las condiciones de explotación y opresión de las mujeres no han cambiado sustancialmente. Cierto es que en la mayoría de países, las leyes y normas expresan la igualdad formal de hombres y mujeres en todos los campos del desarrollo económico y social. Es verdad también, que las mujeres han alcanzado derechos civiles y políticos y que en muchos países se evidencia en una participación más activa en el campo de la política. También se puede argumentar que ahora las mujeres han accedido a la educación, la ciencia, la tecnología, al deporte con gran éxito y que en las normativas internacionales se encuentran consagrados derechos específicos para las mujeres; sin embargo, la condición de explotación y opresión de la inmensa mayoría de mujeres en el mundo no ha cambiado y por el contrario, se ha intensificado.

Hoy las mujeres, concebidas como uno de los nuevos sujetos o “sector emergente” en el lenguaje de la sociología burguesa, somos incorporadas de manera parcial en las más diversas instituciones tanto estatales como civiles en todo el mundo; sin embargo por más tolerancia, e incluso por más solidaridad que se nos otorgue, la explotación y violencia es cada vez más inhumana y por ello ahora más que nunca es indispensable la intervención de las mujeres en los hechos, en la vida misma, en las luchas para conquistar nuestros derechos y para construir el socialismo. Desde todos los espacios laborales, sociales, culturales y familiares se debe aprovechar la sabiduría y experiencias de las mujeres para esta gran tarea revolucionaria.

La revolución es teoría y es práctica de vida; es saber y hacer. Por ello es un espacio y una fuente de decisión individual y colectiva. Como una concepción del mundo, el marxismo leninismo es la fuente que nos permite la conformación de una visión mucho más compleja y rica que involucre las aspiraciones de las mujeres, de los ambientalistas, de las personas que luchan contra el armamentismo y las pruebas nucleares, antirracistas, por la libertad religiosa o nacional en el contexto de la lucha de clases, de la lucha contra el capitalismo y por el comunismo.

El marxismo nos brinda las herramientas para entender las relaciones de poder que nos oprimen a las mujeres y para explicar las distintas formas de explotación de clase que se evidencian en lo privado y lo público; en las relaciones de la reproducción y producción; plantea una revolución total de la sociedad y de la cultura, y al mismo tiempo de los individuos (con la transformación de las relaciones sociales, de las normas, de los valores, de las instituciones, así como también de todos y cada uno de los componentes de la vida cotidiana).

 

El marxismo- leninismo se propone la revolución de la sociedad, de las costumbres y de las conciencias y se plantea eliminar la opresión de las mujeres con la revolución y el socialismo.

Hoy, las mujeres tenemos un gran reto. Derrocar este injusto sistema y trabajar hombro a hombro con nuestros hermanos de clase para transformar el mundo. Debemos intensificar nuestro trabajo ideológico, político y organizativo para liderar a ese movimiento de mujeres que insurge masivamente en el mundo entero luchando contra la violencia a las mujeres, contra los femicidios y por los derechos de las mujeres, para transformarlo en un afluente de la corriente revolucionaria de los trabajadores y los pueblos por el socialismo y el comunismo.

Son millones de mujeres que se movilizan en todos los continentes por sus derechos y son innumerables las acciones que desarrollan para conquistar sus demandas. En nuestro continente en los últimos años se ha reactivado el movimiento de mujeres en torno a la lucha contra la violencia y los femicidios; por la legalización del aborto y también son miles de mujeres campesinas, indígenas las que defienden sus territorios de la acción depredadora de las transnacionales mineras.

En otras latitudes y culturas, las mujeres desafían las normas culturales que las mantienen sometidas y también luchan contra la esclavitud laboral y la trata de personas. Somos miles de mujeres que luchamos por el reconocimiento de nuestra independencia nacional y combatimos contra la opresión imperialista. Estos hechos expresan el potencial del movimiento de mujeres, que sin lugar a dudas jugará un papel decisivo junto a nuestros compañeros de vida y de luchas, en la transformación social en América Latina y el mundo.

Con esta convicción reiteramos la invitación para que participen en el segundo de Encuentro de Mujeres de América Latina y el Caribe que realizaremos en Quito, del 28 al 30 de septiembre próximo. De todos los países vendrán obreras, campesinas, estudiantes, jóvenes, indígenas, afrodescendientes, mujeres de sectores populares: porque estamos convencidas de la importancia de nuestra unidad y de la lucha organizada de los pueblos de Latinoamérica y el Caribe; porque estamos hermanados por un pasado común vinculado a la lucha anti-colonial y anticapitalista; somos similares en nuestras características sociales, económicas y culturales.

Nos une también la lucha contra la opresión del imperialismo y los sectores dominantes locales. Pero, fundamentalmente, nos hermana la búsqueda de un futuro de verdadero desarrollo y de profundos cambios sociales que nos lleven a la emancipación y definitiva independencia de nuestros países y de nosotras, las mujeres.

¡Mujeres por la liberación de los pueblos y por nuestra emancipación!

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