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Los métodos de lucha dominicanos contra la ocupación militar USA 1916-1924

“Cuan rica y diversa fue la resistencia al invasor: militar, cívica y diplomática, es una lección de la que todavía debemos aprender. A esto convoca el texto de Virtudes". Aquiles Castro.

 

MP: Texto íntegro de la intervención del maestro  Aquiles Castro* en el I Simposio "Mujeres en la historia", en el que se presentó la tercera edición del libro Mujeres del 16. La resistencia de las dominicanas a la intervencion militar EE.UU. 1916-1924, de la autoría de Virtudes Álvarez.

 

La ocupación y gobierno militar iniciados por EEUU el 29 de noviembre de 1916 causaron una gran indignación y profunda frustración en el pueblo dominicano. La capital entró en estado de duelo y nadie salió de sus casas. Desde el inicio de la ocupación la gran mayoría de la población dominicana se opuso y expresó su gran repudio (…) Algunos sectores la aceptaron como un mal necesario, otros porque les convenía a sus intereses, pero la mayoría estuvo opuesta a pérdida de la soberanía y el sentido de orgullo la hacían i0naceptable” (Tejera, 2016:233).

“Cuan rica y diversa fue la resistencia al invasor: militar, cívica y diplomática, es una lección de la que todavía debemos aprender. A esto convoca el texto de Virtudes” ,de la presentación (AC) en la primera edición de la obra.

Cierto que no se trató de una coordinación efectiva entre los protagonistas de las diversas formas de lucha, pero todas ellas eran parte de la resistencia de un solo pueblo y como tal lucha de resistencia estaba dirigida contra los ocupantes.

 

El movimiento nacionalista protagonizó la que sin dudas constituye la lucha más larga emprendida por el pueblo dominicano, para lo cual se constituyó la Unión Nacional Dominicana y las juntas Nacionalistas en todo el territorio nacional y las Comisiones Nacionalistas en el exterior que desarrollaron una campaña sostenida en todo el continente americano y en Europa.

A destacar (MP):

Creación de organización que hizo de frente nacional desde el cual se canalizaban las energías;

Sentido práctico, audacia y creatividad para el mantenimiento de una lucha desigual y a largo plazo;

Destacar el compromiso de la intelectualidad con la causa nacional, patriótica;

Una agenda y una consigna claras: restitución de la soberanía y salida de las tropas de ocupación;

 

La campaña nacionalista inició en 1916-1917 por un grupo de respetados intelectuales que organizó protestas y reuniones en centros culturales: Américo Lugo, Favio Fiallo, Emiliano Tejera, Federico Henríquez y Carvajal, Enrique Henríquez, enrique Deschamps, Francisco José Peynado, Luis C. Cestero, entre otros.

La lucha en el terreno de la prensa y la opinión pública resultó crucial para finalmente crear las condiciones que propiciaron la salida del ocupante. Como resultado de la campaña hemisférica iniciada en diciembre de 1920 por una Misión de las Comisión Nacional encabezada por Federico Henríquez y Carvajal, que logró reunirse con los presidentes, cancilleres, legisladores, dirigentes políticos y periodistas de Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay, Chile y Perú.

El primer resultado de ese esfuerzo no se hizo esperar y “la prensa de México, Colombia, Cuba, Argentina, Chile y Ecuador, así como las repúblicas centroamericanas, iniciaron una decidida campaña contra la política emprendida por los Estados Unidos al ocupar la República Dominicana” (Eduardo J. Tejera, El Movimiento Nacionalista Dominicano contra la Ocupación Militar Norteamericana 1916-1924, Clío, año 85m, No. 191, ene-jun 2016:245).

Ya antes, para fines de 1919 varios artículos fueron publicados en periódicos de influencia en EEUU, como Nation, New York Times, la revista Current History, Washington Post, New York Tribune, Journal of International Relations y Metropolitan Magazine y Reforma Social, esta última circulaba en toda Latinoamérica.

De esas gestiones procurando la solidaridad internacional para la causa dominicana, participó el dirigente gremial José Eugenio Kunhard, quien junto a Luis M. Cestero lograron entrevistarse con el famoso dirigente de la Federación americana del Trabajo AFL, Samuel Gompers, dando lugar a que este escribiera al presidente Wilson solicitando la desocupación del país y se considera que ese pronunciamiento fue de gran ayuda en su momento.

El resultado inicial de las presiones nacionales e internacionales fue que el departamento de Estado ordenó en noviembre de 1919 al Gobernador Militar Snowden crear una Junta Consultiva con prominentes personalidades dominicanas, como había solicitado el expresidente Henríquez y Carvajal, no obstante, el fracaso de esa comisión, fue el primer intento formal de dialogar entre ambos países…[1]

En el contexto del auge experimentado por el movimiento nacionalista a mediados de 1920 expresado en realización de varias manifestaciones públicas de contenido patriótico, se acrecentó la represión contra los intelectuales, en ese sentido fueron sometidos a un prolongado encarcelamiento Fabio Fiallo, Ramón Guzmán, Doroteo Regalado y Oscar Delanoy. Encarcelados de manera preventiva o condenados al pago de multas, Américo Lugo, Vicente y Rafael Tolentino, Manuel Alexis Liz, Luis C. del Castillo, entre otros. Fueron expulsados Horacio Fombona y Manuel Flores Cabrera, conocidos escritores venezolanos.

La variante de la lucha armada contra las tropas de ocupación fue protagonizada por los patriotas principalmente en el Este, el sur y la línea noroeste. Si bien en lo fundamental se trató de acciones defensivas de parte de un campesinado que resistía desde antes de la ocupación el proyecto de modernización capitalista (Cassá, Movimientos sociales en la ocupación norteamericana, Clío No. 191, 2016: 37-78), no es menos cierto que esa resistencia se tradujo en un rechazo y confrontación contra el ocupante.

“Las fórmulas más acabadas de la demanda nacional quedaron restringidas a sectores urbanos que persistentemente dieron la espalda a los movimientos que expresaban resistencia social” (Cassá, p. 43).

Además de la expresión armada en la región este, la resistencia campesina en otras regiones al proyecto de dominación del gobierno militar de ocupación, se expresó en su renuencia a producir para el mercado limitándose a lo estrictamente necesario para su supervivencia; y la resistencia individual a pagar impuestos creados por el gobierno para financiar las obras propias del proyecto de dominación.

Sobre este último punto el profesor Cassá afirma que esa resistencia tenía una connotación de clase más definida que cualquier otra lucha agraria. Que no se trataba de una oposición política en el sentido convencional y que es explicó el aislamiento del campesinado de la resistencia nacionalista urbana (p. 46).

En el caso del liborismo existía en tanto movimiento social cuando se produjo la ocupación y como tal movimiento social venía siendo hostigado por parte del Estado y en ese sentido su comportamiento estuvo muy marcado por la reacción defensiva frente a la agresión de que fuera objeto de parte de la cultura urbana de elite (p. 49).

La política de desarme general y control de todo el territorio implementada por el gobierno de ocupación evidentemente tenía que chocar con este movimiento que se venía reproduciendo en la región sur en el marco de una especie de “autonomía política” en la medida que sus integrantes no se asumían tutelados por el Estado.

En enero de 1917 tropas de infantería de la Marina EEUU inician la persecución en San Juan que culminará cinco años después, el 27 de junio cuando Olivorio Mateo es acribillado en la Cordillera Central y su cadáver expuesto en la Plaza central de San Juan en un vano intento de los ocupantes por borrar su memoria, dado el carácter religioso del movimiento.

En la región Este la ocupación desató de inmediato la resistencia armada, cuyo símbolo devino la figura de Gregorio Urbano Gilbert y su célebre osadía del pistoletazo en el puerto de San Pedro de Macorís. Si es cierto que esa resistencia tenía contenidos del regionalismo caudillista existente desde antes de la ocupación (gavillerismo: guerrilla irregular de jefes político militares de raigambre rural contra el gobierno) su desafío y confrontación con el poder antinacional del gobierno de ocupación, convertía su acción en tributaria de la causa patriótica, independientemente de las discusiones que se realizan en torno a la ausencia de proyecto cierto en esos grupos insurgentes.

En esta región la afirmación de la insurgencia guarda relación con los efectos de la modernización en la industria azucarera: despojo, violencia, y compulsión hacia la proletarización y el mercado contra una población campesina que resiste ese destino.

Entre los principales cabecillas de estos grupos y que perduraron más tiempo resistiendo la persecución de las tropas de ocupación figura Vicente Evangelista y Ramón Nateras, éste último en su cantón de El Famiel hacía subir todos los días la bandera, mientras se entonaba el Himno Nacional (Cassá, citando entrevista realizada en 1997, p. 61-62).

Otro escenario destacado de resistencia armada a la ocupación: la Barranquita, Línea Noroeste.

“El 25 de junio comenzó a rumorarse que las tropas americanas habían salido de Monte Cristi. Inmediatamente fue convocada una reunión en el edifico del correo, en Mao, para determinar la salida de los voluntarios… el lugar escogido sería La Barranquita, elevación ubicada en las cercanías de la carretera que va desde Mao a Guayacanes…” (Rodríguez Bonilla, Manuel, La Batalla de la Barranquita, Santo Domingo: UASD, 1987:36).

A la postre, cuando el gobierno de ocupación impone los términos de la solución negociada con el concurso de la corriente conservadora en el seno de los patriotas dominicanos, el nacionalismo radical comenzó a redefinirse como un partido político y en 1923 se funda el Partido Nacionalista encabezado por Américo Lugo. Fue un movimiento con enarboló el rechazo al imperialismo y abogó por la construcción de un estado nacional soberano, el progreso y la justicia.

Sin dudas la resistencia a la ocupación del 1916 al 1924 es una de las grandes epopeyas cuyas lecciones tenemos que aquilatar como pueblo para convertirlas en herramientas para la acción en el presente.

 

[1] Miembros de la comisión Arzobispo Adolfo Nouel, Francisco José Peynado, Federico Velazquez y Jacinto R. de Castro, todos moderados.

 

*El autor estudió antropología y trabaja como docente universitario e investigador en el Archivo General de la Nación. Coordina la unidad de investigación de la Escuela Multitemática (EMT).

 

 

Mujeres del 16. La resistencia de las dominicanas a la intervención militar EE.UU 1916-1924.

Autora: Virtudes Álvarez.

145 páginas. Un producto de Ediciones La Gina.

Impreso en los talleres de Editora Mediabyte, SRL. Santo Domingo Domingo, D.N. República Dominicana.

 

 

[1] Miembros de la comisión Arzobispo Adolfo Nouel, Francisco José Peynado, Federico Velazquez y Jacinto R. de Castro, todos moderados.

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