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María, la Virgen o la Madre?

"Lo que nunca he entendido la insistencia de la iglesia católica de adorarla  como Virgen;  resaltando y celebrando su virginidad como un valor superior al de la maternidad". Chiqui Vicioso.

 

"Yo, la Virgen María, es una novela seriamente investigada y documentada, aunque sus conclusiones obedecen a la libertad creadora de Ynoemia, quien decidió enfocar a María como una mujer.  Una muchacha que se ilusiona con un enamorado, mientras vive en el templo y tiene sueños eróticos; y una mujer que se deja poseer por “el Ángel del Señor”, y penetrar por el Espíritu Santo, el cual la hace estallar por dentro con  un firmamento de luces y estrellas".

 

Texto íntegro de la presentación de Chiqui  Vicioso a la novela Yo, María, la Virgen, de la autoría de Ynoemia Villar. La actividad fue celebrada en la librería Mamey, ubicada en el centro historico de la ciudad.

 

YO, LA VIRGEN, DE YNOEMIA VILLAR

“Dios te salve María, llena eres de gracia…

“Santa María, madre de Dios…

Son las dos oraciones que todo niño o niña  del Santiago donde crecí, debía aprenderse para rezarlas antes de dormir y después de levantarse.  María, madre de Dios, se convertía así en nuestra madre protectora y, ya en la adolescencia, nuestro prototipo como  “Hijas de María”,  grupo selecto de muchachas católicas que en mayo se vestía de blanco, se ponía una banda azul con el medallón de la virgen y era responsable de organizar el Las Flores de Mayo.  Procesiones barriales donde cada una enarbolaba su vara de azucenas;  y del arco de flores en las iglesias,  por donde avanzábamos en medio de un maravilloso olor a nardos, en una boda simbólicacon Jesús, que repetiríamos más tarde,entre blanco y  flores.

“Con flores, con flores, con flores a María”, cantábamos, bajo la vigilante mirada de nuestros familiares, celosos guardianes de nuestra absoluta virginidad, la cual abarcaba desde la pureza de cuerpo y pensamiento, hasta el largo de la falda y  mangas de las blusas. 

Dado que nuestras vidas fueron tan marcadas por el culto a la Virgen María, es curioso que en la historia de la novelística mundial y nacional, haya tan pocas mujeres que se hayan dedicado a escribir sobre ella, salvo en la literatura católica donde aparecen unas cuantas autoras, la mayoría de devocionarios y biografías religiosas.

La novela de Ynoemia Villar, Yo, María, la Virgen, se enmarca dentro del género de novelas bíblicas, que se inicia en Santo Domingo como la tercera corriente de la novelística nacional.   Y la inicia un jovencísimo Marcio Veloz Maggiolo, supuestamente influenciado (eso dice Mora Serrano) por el Premio Nobel sueco Par Lagarkvist, y su novela Barrabas, de 1950.

Marcio escribe en 1960 sunovela  El Buen Ladrón, empero quien más influyo en el género bíblico fue Juan Bosch,quien en 1961 publica su defensa de Judas Iscariote con su “Judas Iscariote, el Calumniado”, texto que no solo influyo enMarcio sino también en Carlos Esteban Deive, con su novela Magdalena, de 1964.

Muchos explican esta escasez de textos bíblicos, diciendo que en Republica Dominicana la novela es un genero tardío, y tardio es si pensamos que la primera novela del mundo se publico en el Siglo XI, y que El Quijote se publico precisamente en 1492, el ano en que nos “descubrieron”.  Y si recordamos que ya en el Siglo Catorce, Bocaccio, con su Decamerón, y Chaucer, con sus Cuentos de Canterbury, eran universalmente conocidos.

Nuestra primera novela: El Montero, se atribuye a Pedro Francisco Bono ydata de 1856, seguida de “La Fantasma de Higuey”, de Angulo Guridi, en 1859.  Hasta los años 50, los críticos reseñanque nuestros escritores parecían desconocer las novelas bíblicas del autor griego Kazantzakis: “La UltimaTentación de Cristo”, de 1948; y “Cristode Nuevo sacrificado” (1958);así como su novela: “El pobre de Asís”.

En esas novelas Kazantzakis narra el conflicto entre el deber y la misión del Hijo de Dios y sus necesidades humanas de amar y ser amado y tener una familia, algo que Ynoemia incorpora en su texto cuando narra las tensiones que vive la adolescente Virgen María, entre su destino como designada futura madre del Mesías y su posible interés en uno de sus enamorados, el príncipe José de Arimatea.

Arriesgarse en los 50 a escribir unanovela bíblica, humanizando lospilares de la religión católica u ortodoxa griega, conllevaba el riesgo de la excomunión, la cual le impuso la Iglesia Ortodoxa a Kazantkasis en 1955,por su obra “El Hijo del Hombre”, elcual la Iglesia católica también incluyo en su índice delibros prohibidos.  Por suerte para Ynoemia, esos mecanismos  no actúan en Republica Dominicana, donde de seguro objetarían  elenfoque con que Ynoemia interpreta y narra la vida y obra de la VirgenMaría, a quien cede el espacio de narradora omnisciente desde el prólogo, algo inusual.   A  veces cuando menos lo esperamos, irrumpen en el texto otros sujetos parlantes, como José de Arimatea, quien escribe el epilogo de la novela, con un enfoque que alterna entre la filosofía existencial y lo que hoy podría interpretarse como teología de la liberación.

Si me preguntan sobre el estilo tendría que decir que esta novela se enmarca dentro del realismo, por la verosimilitud de las tramas, las cuales estándocumentadas en hechos reales; la riqueza de las descripciones y la psicología de los personajes.

Yo, la Virgen María, es una novela seriamente investigada y documentada, aunque sus conclusiones obedecen a la libertad creadora de Ynoemia, quien decidió enfocar a María como una mujer.  Una muchacha que se ilusiona con un enamorado, mientras vive en el templo y tiene sueños eróticos; y una mujer que se deja poseer por “el Ángel del Señor”, y penetrar por el Espíritu Santo, el cual la hace estallar por dentro con  un firmamento de luces y estrellas.

En ese sentido, Ynoemia rescata la carga erótica de mucho del lenguaje del Viejo y Nuevo Testamentos, donde  para cualquier lector avezado los orgasmos, bíblicos o no,  son siempre los mismos, y dejan, primero a Ana (madre de María) exhausta y cansada durante los 39 días en que su esposo medita en la montaña, y esposeída por el gran sacerdote del templo Rubén (posando como enviado del Señor), quien Ynoemia insinúa es el verdadero padre de María.  Y luego María, a quien en ausencia de José el Carpintero, elegido por el templo como su futuro esposo, el príncipe José de Arimatea, disfrazado ángel del Señor, parece seducir y también poseer.  Esto no lo descubrimos hasta el final de la novela, cuando José procura el perdón de María (quien ya parece saber que él es el padre biológico de Jesucristo), para que ella acepte irse y vivir con él, donde habita ya Jesucristo con su familia.

Y he aquí el misterio de esta novela donde nunca se nos explica cómo es que Jesucristo reaparece vivo, se muda a otra región e inicia una familia con Magdalena, a quien el Premio Nobel portugués José Saramago identifica como mujer de Jesucristo, en su afamada novela:  El Evangelio según Jesucristo.

¿Cómo llego Ynoemia  a esa conclusión?

Nada que la fe no pueda responder, ya que si Jesús era realmente Dios nada le debió ser imposible, como el hecho de resucitar y decidir que, después de haber cargado con todos los pecados de la humanidad y de haber padecido su viacrucis y posterior crucifixión, asumiera su naturaleza dual como hijo de Dios e hijo del hombre y optara como cualquier otro mortal por una vida “normal” con su compañera e hijos.

Creo que Ynoemia al escribir esta novela trata de humanizar a una de las figuras bíblicas que sustentan nuestras creencias religiosas, y  rendir homenaje a una María diferente a la que generalmente se representa en la literatura religiosa, donde, a diferencia de esos autores, Ynoemia reivindica a María, primero como madre, el galardón más importante de la mujer en la Historia, porque de su maternidad depende la reproducción y sobrevivencia de la especie, algo que debería bastar para glorificarla, por lo que nunca he entendido la insistencia de la iglesia católica de adorarla como Virgen;  resaltando y celebrando su virginidad como un valor superior al de la maternidad.

Y el sacrificio de María, como la más importante militante de los ideales de su hijo.  Como alguien que renuncia a emigrar de un lugar donde se sabe vigilada, para proteger a Jesucristo de la persecución de sus enemigos, renunciando, de nuevo, a una vejez feliz, en compañía de José de Arimatea, su eterno enamorado, su hijo y nietos.

Solo por ese tributo a María, que es también un tributo a todas nuestras madres, esta novela es no solo un aporte a los estudios sobre la mujer, históricos o no, sino también a la novelística nacional, tan exigua de voces femeninas que cuenten nuestras historias, desde nuestra perspectiva,  desde el origen de la humanidad.

Cuiqui Vicioso.

 

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